Entre cenotes secos y abejas sin aguijón: un día en el Parque Apícola Xkopek

Entrada del Parque Apìcola Xkopek, en la ciudad de Valladolid, ubicado exactamente en Calle 57 x 38 Ex Aviación San Juan, al lado del Sindicato de Taxistas “Los Frailes”., Valladolid, Yucatan 97780.

Cuando lees “tour de abejas” en una lista de las cosas imperdibles por hacer en una ciudad, ¿qué se te vendría a la mente? Acaso un recorrido por un campo lleno de colmenas, donde, si tienes suerte, saldrás intacto de una o varias posibles picaduras. O quizás una visita a un laboratorio de alguna universidad donde podrás encontrar estantes con cajas llenas de “material de colección”.

En el parque apícola Xkopek, en Valladolid, México, la experiencia está lejos de ser peligrosa o cien por ciento académica, aunque, creanme, si que se aprende mucho. Fue en noviembre del 2021 cuando, en mi primera experiencia de viaje fuera de Chile, decidí alejarme por unos días de las impresionantes playas de la Riviera Maya, para conocer parte del encanto yucateca. 

Fue así como llegue a Valladolid, una ciudad con un marcado estilo colonial en su arquitectura. Sus iglesias en tonos amarillos y terracotas y sus casitas rosadas y verdes te dan una postal perfecta cuando los cielos están despejados.

La infaltable foto que toda viajera debe tener con los nombres de la ciudad que visita. Aquí en el frontis de la Parroquia de San Bernardino de Siena, complejo religioso colonial que incluye el templo de San Bernardino y el ex convento de Sisal.

Entre el montón de cosas que puedes hacer ahí, incluyendo visitar los numerosos cenotes cercanos o pasar el día admirando la majestuosidad de Chichen Itza, probablemente muchos pasarían por alto visitar un parque apícola.

Seguramente yo también lo habría hecho, no les culpo. Pero por suerte mi curiosidad por las abejas ya estaba “dando frutos” gracias a mi trabajo como periodista de ciencia en el área de polinización y agricultura sostenible.

“Xkopek, un espacio natural, ofrece experiencias que despiertan en el visitante un interés por el fascinante mundo de la miel y las abejas”, leí en su página de Facebook. Eso bastó para convencerme.

El nombre me sonó intrigante, como una palabra salida de un poema antiguo. Después descubrí que “Xkop” significa “cenote seco” en maya, mientras que “ek” se traduce como “colmena de avispas”. Un nombre que encierra el carácter salvaje y resiliente de esta región.

Entre murales y abejas sin aguijón

Al llegar, atravesé un arco de piedra decorado con relieves mayas que parecen narrar historias ancestrales. Un sendero de tierra, flanqueado por árboles que se entrelazan como si intentaran abrazar el camino, me llevó al corazón del parque. Allí, las paredes están cubiertas de murales vibrantes que mezclan la iconografía maya con imágenes de abejas meliponas, las verdaderas protagonistas de esta historia.

En la cabaña donde estaba el “Museo de las abejas”, una casita llena de “souvenirs abejísticos”, encuentras información que sirve como una primera lección antes de comenzar el tour con los guias del parque apícola. 

Nuestro guía nos dio la bienvenida con una sonrisa genuina y una energía contagiosa. Caminamos entre las colmenas mientras nos hablaba con pasión sobre las abejas meliponas, nativas de Yucatán. 

A diferencia de las abejas europeas, estas no tienen aguijón, pero eso no significa que sean indefensas. Su estrategia de defensa es mucho más sutil y sofisticada. Por ejemplo, algunas especies como la abeja de monte, producen un olor particular para alertar a sus compañeras y defenderse en masa cuando se sienten amenazadas.

Este mural fue elaborado por el artísta plástico y grafitero yucateca Eskriva, donde se ve la conexión de Ah Mucen Cab, una deidad maya importante asociada con la miel y las abejas y una abeja melipona.

El mural en el que me detuve a tomar una foto parecía un collage de historias: ancianos mayas, guerreros, flores tropicales y, por supuesto, abejas. Me apoyé contra la pared y sonreí, sintiendo que, de alguna forma, yo también era parte de esa historia, de ese ciclo de vida que se renueva con cada generación.

Un refugio para las olvidadas

En Xkopek, se pueden encontrar cinco subfamilias de meliponas, cada una con comportamientos fascinantes. Por ejemplo:

  • Xnuk Chooch, que construye sus nidos bajo tierra y, por su apariencia similar a la de las moscas, suele ser destruida sin piedad.
  • Limón Kaab, famosa por su estrategia de “robo” de miel, liberando un aroma cítrico que aturde a las abejas vecinas mientras saquea sus reservas.
  • Sakxik, que recolecta resina de los árboles para producir propóleo, un poderoso antibiótico natural que mantiene sus colmenas libres de enfermedades.

Mientras recorríamos el parque, el guía nos explicaba que las abejas europeas producen hasta 30 litros de miel al año. En cambio, algunas especies de meliponas, como la llamada “abeja de monte”, apenas generan entre 300 y 400 ml. Sin embargo, su miel es apreciada por sus propiedades medicinales y su sabor intensamente floral. 

Esta miel ha sido utilizada durante siglos por los mayas para tratar problemas digestivos, infecciones y hasta enfermedades respiratorias.

Aquí una pintura que decora uno los tantos estantes dentro del Museo de la Abejas.

Ver las colmenas abiertas, sentir el calor tropical y escuchar al guia hablar de preservación me hizo recordar por qué había dejado todo para ser nómada digital. Mi trabajo como periodista de ciencia me ha llevado a descubrir historias asombrosas sobre cómo el mundo natural y humano se entrelazan de formas inesperadas.

Miel y conciencia

Al final del recorrido, nos llevaron a una terraza donde nos esperaban frascos de miel dorada, polen fresco y botellas de propóleo, productos recogidos con paciencia y respeto por las abejas. 

Al probar la miel de melipona, más ácida y densa que la que conocemos comúnmente, entendí que viajar no es solo cruzar fronteras geográficas, también es abrirse a nuevas formas de ver y entender el mundo.

La oferta de productos aquí es amplia, y va desde mieles orgánicas, propoleos, aceites, jarabes, caramelos y polen de diferentes flores.

Mientras salía del parque, el sonido de las hojas meciendo los árboles y el aroma terroso del cenote seco me acompañaron hasta la salida. En ese momento, resonaban con más fuerza las palabras que muchas veces había escuchado sobre la importancia de las abejas para los ecosistemas, pero no solo eso, su relevancia para nuestra historia, cultura y supervivencia como especie.

Valladolid fue mucho más que un destino turístico para mí. En medio del ajetreo de los viajes, las reuniones virtuales y los mapas abiertos en múltiples pestañas, a veces se nos olvida por qué comenzamos a movernos. Ese día en Xkopek me recordó que, más allá de los destinos, lo que realmente transforma es cómo los habitamos, aunque sea solo por un momento.

1 comentario en “Entre cenotes secos y abejas sin aguijón: un día en el Parque Apícola Xkopek”

  1. Wowwww que tremenda enseñanza, cuidemos a nuestras amadas abejitas, la gente no las valora , son nuestra salvación, felicitaciones por tu dedicación y estudio sobre este hermoso y noble insecto, insecto que tiene muchas cosas para enseñarnos 🐝🐝🐝💜

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