
En Montreal, durante el verano, la ciudad instala unas pequeñas estructuras de madera llamadas Îlots d’été (islas de verano). Con mesas, enchufes y wifi gratuito, se convierten en oficinas improvisadas al aire libre.
Recuerdo trabajar en una de ellas en Notre-Dame-de-Grâce, el barrio donde vivía, rodeada de estudiantes, freelancers y otros nómadas digitales. Más que mesas de madera puestas por ahí, eran una forma creativa de darle a la ciudad un respiro, aprovechando los espacios públicos para algo distinto al simple tránsito o consumo.
Esa experiencia me hizo pensar en lo mucho que mi estilo de vida nómada se parece a esta idea. Llevar poco, alargar la vida útil de lo que tengo y aprender a hacer más con menos. Y ahí aparece un concepto clave: la economía circular.
Viajar ligero y pensar circular
La economía circular busca romper con el modelo lineal de usar y tirar. Según la Fundación Ellen MacArthur, referente mundial en este tema, se basa en tres principios: eliminar los residuos, mantener los productos en uso y regenerar los sistemas naturales.

Para quienes vivimos con una mochila como oficina y hogar, este enfoque resulta casi natural: elegir con cuidado, reparar en vez de desechar, pensar dos veces antes de comprar. Una prenda multifuncional pesa menos que tres, y un dispositivo duradero significa menos basura electrónica.
Destinos que se reinventan
El movimiento hacia la circularidad no es algo que solo depende de cada persona de manera individual. Ciudades como Ámsterdam se ha comprometido formalmente a convertirse en ciudad plenamente circular para 2050, con una meta intermedia de reducir al 50 % el uso de materiales vírgenes para 2030, y ya implementa contratación pública verde y criterios de reutilización en obras públicas.
En Barcelona, iniciativas como Construcción BAC, programas de residuos cero y el proyecto del nuevo Spotify Camp Nou reciclando hormigón y acero de las demoliciones demuestran que la reutilización se está volviendo práctica concreta, no solo discurso.
El World Economic Forum ha documentado cómo los pequeños Estados insulares, como Cabo Verde, ven en el nomadismo digital una oportunidad para diversificar su economía más allá del turismo estacional.

Allí, la inversión en infraestructura digital no solo atrae trabajadores remotos, también fortalece la economía local y fomenta intercambios de conocimientos con comunidades jóvenes. Es otra forma de circularidad: aprovechar recursos existentes, evitar la dependencia de un único sector y crear sistemas más resilientes.
Una mochila con futuro: hábitos, tecnología y pequeñas decisiones
El estilo de vida nómada puede sonar poco compatible con la sostenibilidad —aviones, traslados, consumo constante—, pero también abre la puerta a repensar cada objeto y cada hábito.
Hay herramientas que ayudan, por ejemplo, libretas reutilizables que digitalizan apuntes, como Rocketbook, hasta hoteles que funcionan con energías limpias, como el Crowne Plaza Copenhagen Towers, o eco-lodges comunitarios como Chalalán en Bolivia. Incluso en el mundo digital, proveedores de hosting verde como GreenGeeks o RabHost marcan la diferencia al operar con energías renovables.
Y, más allá de la tecnología, hay medidas sencillas que cualquier viajero y viajera puede adoptar para alinear su vida con la circularidad. Expok, medio especializado en sustentabilidad, resume algunas que resultan especialmente útiles para quienes estamos en constante movimiento:
- Elegir alojamientos con certificación ecológica o eco-lodges.
- Dentro de lo posible, preferir el transporte público o la bicicleta antes que el auto.
- Empacar botella de agua y utensilios reutilizables para reducir plásticos.
- Comprar ropa de segunda mano o intercambiar con otros viajeros y viajeras.
- Apoyar empresas locales con prácticas responsables.
- Compensar las emisiones de vuelos largos.
Son gestos mínimos, pero juntos nos permiten armar una mochila distinta, más ligera, más duradera y más coherente con el mundo que queremos recorrer.
El nomadismo digital y la economía circular se encuentran en un punto clave. Ambos nos recuerdan que los recursos son limitados y que lo que hacemos hoy tiene efectos mañana. No debemos vivir con culpa, pero es nuestra responsabilidad aprender a elegir con cuidado.
Cuando trabajaba en aquellas mesitas de Montreal, rodeada de ruido de ciudad y brisa de verano, entendí que la circularidad no es únicamente un concepto académico, más bien debería ser una práctica diaria: aprovechar lo que ya existe y darle un nuevo uso.
Lo mismo pasa en la vida nómada, porque cada viaje deja huella, pero también puede abrir oportunidades para dejar algo mejor que lo que encontramos.
Fuentes:
Fundación Ellen MacArthur. What is the meaning of a circular economy and what are the main principles?. Publicado en la web de la Institución.
Foro Económico Mundial. (2024). Cómo los nómadas digitales pueden transformar el turismo y la economía de los pequeños Estados Insulares en desarrollo. Publicado en la web de la Institución.
I am Amsterdam. (2025). Key facts and figures on Amsterdam’s circular transition. Publicado en la web de la agencia.
Alex Diago. (2025). Cómo aplicar la construcción circular: el ejemplo Barcelona Circular (BAC). Publicado en la web del medio Construnext.
Expoknews. (2023). 12 formas de ser un nómada digital sostenible. Publicado en la web del medio Expoknews.