Lo que no te mata, te hace más nómada: una historia sobre adaptación

Mi experiencia en Hanoi, Vietnam, me enseñó que a veces, la adaptación es la habilidad más poderosa que llevamos en la mochila.

A mis treinta y tantos, jamás pensé que tendría que volver a aprender cosas tan básicas como cruzar la calle, hasta que estuve parada en una esquina del “Old Quarter” o Barrio Antiguo de Hanoi, Vietnam.

Las motos iban y venían como un cardumen de peces. Rápidas, sincronizadas, impredecibles. Los peatones parecíamos diminuto plancton alrededor, expuestos, flotando entre corrientes de acero.

Durante los primeros días, observaba desde la orilla con una mezcla de miedo y fascinación. Hasta que decidí imitar a los locales. Una amiga vietnamita me dio el consejo clave: “Nunca te detengas, camina lento y constante. Las motos te esquivarán”.

Y así fue. El truco no era controlar el caos, más bien aprender a fluir con él. Acoplarme, no resistirme. Adaptarme.

Darwin tenía razón (pero nadie lo citó bien)

Charles Darwin nunca escribió literalmente “sobrevive el más fuerte”. Lo que propuso fue que sobrevive quien mejor se adapta. Y aunque hablaba de especies, su teoría resuena con fuerza en quienes llevamos la vida nómada por elección.

Vivir en movimiento constante es vivir en modo beta permanente. Cada nuevo destino es una versión distinta del mismo programa. Escuchar un nuevo idioma, reestructurar la rutina y descubrir nuevos ritmos sociales. Todo esto requiere reaprender lo cotidiano, y también reinventarse.

Parece caos, pero hay un orden invisible. En Vietnam me enseñaron que la clave es caminar sin detenerse. Esa lección me acompaña hasta hoy.

Como me dijo alguna vez mi psicóloga, Pamela Yáñez, en una de nuestras sesiones online desde distintas latitudes, “la adaptación no es resignación, es una habilidad que se puede fortalecer. Los nómadas digitales desarrollan una flexibilidad emocional y cognitiva que les permite enfrentarse a entornos inciertos sin perder su eje.”

Aprender a fluir

Esa escena de Hanoi fue solo “un ensayo” de algo que seguiría ocurriendo una y otra vez. Porque en la vida nómada hay una constante: el cambio. Y en ese entrenamiento diario, descubrí que adaptarse es útil y totalmente necesario.

De acuerdo a mi experiencia, para adquirir esta capacidad de adaptación es necesario:

  • Flexibilidad cognitiva, para pensar desde nuevos marcos mentales.
  • Tolerancia a la ambigüedad, para funcionar sin certezas absolutas.
  • Regulación emocional, para lidiar con la soledad, el cansancio o el desarraigo.
  • Empatía cultural, para entender sin juzgar.
  • Agilidad comunicacional, para conectar en varios idiomas y contextos.

Algunos autores comparan lo que ocurre con los nómadas digitales al caso de los “Niños de la tercera cultura” (TCKs por sus siglas en inglés), que son personas que crecieron fuera del país de origen de sus padres, un fenómeno que ha sido ampliamente investigado por su impacto en la capacidad de adaptación, pensamiento intercultural y plasticidad emocional.

Tal como explica una investigación publicada en Frontiers in Psychology, estas personas suelen desarrollar una sensibilidad refinada hacia los entornos cambiantes, lo que les permite navegar entre culturas con una destreza difícil de enseñar.

“La experiencia con la diversidad cultural permite una mirada global, una forma de pensar y sentir más flexible, que puede ser una ventaja tanto en lo personal como en lo profesional.” Pamela Yañez, psicóloga infanto juvenil de la Universidad Católica del Norte y magíster en Psicoterapia Constructivista de la Universidad de Chile.

Mark King, periodista, activista y escritor estadounidense, especializado en temas de indentidad y pertenencia, propone en una de sus publicaciones en la plataforma Medium, que los nómadas digitales y los adultos que alguna vez fueron TCK, comparten esa habilidad de traducirse a distintos contextos sin dejar de ser ellos/as mismos/as. Ambos tipos de nómadas desdibujan los bordes geográficos y proponen una idea de identidad más fluida, relacional y permeable.

Contra la nostalgia de la estabilidad: el mapa se dibuja en movimiento

Durante años asocié el cambio con pérdida; de estabilidad, de hogar, de rutina. Pero vivir viajando me ha enseñado que hay algo profundamente fértil en ese terreno inestable. Adaptarse no es diluirse. Es afinar el oído, aprender a leer señales nuevas y redibujar nuestros límites. Como cuando aprendí a cruzar entre motos, sin detenerme.

Por supuesto que no se trata de romantizar la inestabilidad, pero si de reconocer que en ese vaivén de fluir sin certezas también hay potencia. Que adaptarse no es rendirse, sino evolucionar.

Lejos de anclar su sentido de pertenencia a un solo lugar, los nómadas digitales, como los TCK encuentran en la movilidad un espacio de creación. La adaptabilidad se vuelve brújula.

Y en ese cruce constante, vamos encontrando nuevas formas de estar, de mirar, de vincularnos. Quizá por eso, como mis primeros días en Hanoi, sigo creyendo que adaptarse no es simplemente sobrevivir, es saber moverse en medio del caos sin dejar de ser nosotros/as mismos/as.

Fuentes:

– Jones E., et all. (2022). Adjustment in third culture kids: A systematic review of literature. Frontiers in Psychology.

– Mark King. (2025). Digital Nomads & Third Culture Adults. Publicado en Medium.

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