
Llegué a Himarë, joya de la Riviera albanesa, en plena temporada alta. Sus playas turquesas y su mar cristalino me deslumbraron, como una promesa hecha paisaje … hasta que bajé la mirada. Plásticos en las rocas, latas en la arena y basura que invadía el paisaje. No eran solo turistas los responsables; también faltaban señales claras, educación ambiental y gestión de residuos.
Lo que ocurre en las playas de Himarë, Sarandë o Vlorë se repite en decenas de destinos del mundo y la pregunta que muchas personas se hacen es ¿qué sucede cuando el turismo crece más rápido que la conciencia?
Turismo que deslumbra… y contamina
El turismo es un motor económico imparable que representa alrededor del 10 % del PIB mundial, según el World Travel & Tourism Council. En 2024, alcanzó un récord de 11,1 billones de dólares y millones de empleos asociados.
Pero cada avión que aterriza y cada habitación ocupada también generan una huella que contamina y destruye los paisajes: toneladas de basura, consumo desmedido de agua y presión sobre ecosistemas frágiles.
Cuando la infraestructura no está lista, la postal perfecta se convierte en un espejismo de playas cubiertas de residuos, ríos saturados y ciudades al borde del colapso.
No todo es culpa del turista
En Albania, el problema va más allá de los viajeros que dejan sus botellas tiradas por ahí. La gestión de residuos está lejos de ser eficiente: apenas el 5 % de los vertederos está supervisado, según un estudio publicado en la revista académica World. Además, señalan que Albania figura entre los países donde menos hogares separan su basura.

Sin normas claras, campañas educativas o servicios básicos, es fácil que la montaña de desechos crezca cada verano. Y entonces, la responsabilidad se diluye entre quienes visitan… y quienes habitan.
Destinos que enfrentan la crisis con acción
Al hacer una revisión más global es posible encontrar ejemplos a seguir para combatir esta problemática. Algunos países han entendido que el turismo sin control no solo destruye ecosistemas, también mata su propia fuente de ingresos. Y decidieron actuar.
- Boracay, en Filipinas, cerró su playa más famosa durante seis meses en 2018. El objetivo: reparar el daño causado por años de turismo masivo. Fue polémico, pero funcionó: hoy se regula la entrada y se limita la construcción desmedida.
- Costa Rica apostó por premiar la sostenibilidad. Su programa “Bandera Azul Ecológica” reconoce playas que cumplen estándares ambientales y de infraestructura verde.
- Bután, una tarifa diaria que incluye guía, alojamiento y una tasa de sostenibilidad de 100 USD destinada a conservación y bienestar local.
- Ecuador duplicó la tarifa de entrada al Parque Nacional Galápagos, cobrando 200 USD por visitante internacional (menores de 12 años pagan 100 USD). Los fondos recaudados financian conservación, saneamiento y el bienestar de las comunidades locales.
- Japón cobra desde 2019 un impuesto de salida de 1.000 yenes (unos 7 USD) a turistas internacionales. Lo recauda para financiar mejoras en aeropuertos, infraestructura y promoción del turismo sostenible.
- España aplica ecotasas en Baleares y Cataluña, entre 1 y 4 euros por noche en alojamientos turísticos, para proyectos ambientales y gestión de residuos.
- Maya Bay en Tailandia, famosa por The Beach, sufrió el turismo masivo hasta arruinar sus arrecifes. Cerró en 2018 para rehabilitación y reabrió en 2022 con límites estrictos: 375 visitantes por turno, prohibición de baño y acceso de botes desde un muelle trasero
Todos estos ejemplos comparten algo: políticas claras, voluntad política y un mensaje contundente: quien visita, contribuye a conservar.
¿Qué puede hacer Albania? Comunidad, educación y regulación
El país ha unido los sectores de Turismo y Medio Ambiente en una misma cartera ministerial y ha creado áreas protegidas como el Parque Nacional del Río Vjosa. También, recibió fondos de la Unión Europea para mejorar su tratamiento de residuos en la región sur, justamente donde están ciudades como Himarë o Ksamil, con las playas mas “instagrameables” del país.

Pero este viaje ambiental en la Rivera albanesa está recién comenzando. Aún falta reforzar la recolección, educar a la comunidad y transformar tasas en soluciones visibles.
Hoy, mientras cierro mi mochila en la hermosa ciudad de Himarë, me queda aún más claro que viajar no es sumar fotos bonitas, más bien es restar impacto. El verdadero lujo no son las aguas turquesas, sino que sigan siéndolo. Porque el turismo puede conectar mundos… o herirlos. Depende de qué huella decidas dejar.
Fuentes:
– World Travel & Tourism Council. (2025). Viajes y Turismo en LAC generaría US$206 mil millones adicionales para la economía regional en la próxima década, según el WTTC.
– Vito, S., Boci, I., Gheibi, M., et al. (2024). Data-Driven Strategies for Optimizing Albania’s Utilization of Renewable Energy Sources from Urban Waste: Current Status and Future Prospects. World, 5(2), 258-275.
– The Science Survey. (2024). Tourism: A Double-Edged Sword of Economic Prosperity and Environmental Impact. Publicado en la sección de noticias de la web.
– Instituto Costarricense de turismo. Programa de Bandera Azul Ecológica. Publicado en la web de la Institución.
– UNEP. (2025). In Albania, coupling ecotourism with conservation for economic growth. Publicado en la web de la Organización.